viernes, 31 de agosto de 2007

BREVE HISTORIA DEL DETECTIVE PRIVADO



La novela negra, como cualquier otro género literario, tuvo un principio y un fin. El proceso implacable de la historia ha desembocado en un mundo que se vuelve cada día más angosto. Ya no queda espacio para la aventura. Arturo Pérez -Reverte crea al capitán Alatriste y lo envía al siglo XVII. Incluso Indiana Jones debe luchar para no perder el sombrero en los años treinta. Ya no queda tiempo para las grandes pasiones, incluso el cine debe recurrir a Orgullo y pasión, o, El velo pintado. ¿Y la novela negra? ¿Qué és hoy un detective privado? La violencia se ha generalizado por doquier, desde la violencia de género hasta en las redes de Internet. El relativismo contemporáneo ha empezado a poner en duda que és lo blanco y que és lo negro.


Hace ya veinticinco años que la editorial Bruguera publicó una colección inigualable titulada Club del misterio. Allí se daban cita los mejores autores del género policíaco de todos los tiempos. Mi primera lectura fue Cosecha roja del gran Dashiell Hammett con prólogo de Jorge Luís Borges titulado "El cuento policial". Después siguieron Raymond Chadler, Ross McDonald, la maravillosa Dorothy L. Sayers con su refinado detective lord Wimsey, Ellery Queen, James Hadley Chase, Eden Phillpotts, J. M. Cain, posiblemente el escritor que más ha influenciado en todo el cine moderno. ¿Qué sería de los hermanos Cohen sin este autor? Fue verdaderamente una época dorada e irrepetible.

Este género de cuyo origen se remonta a la Biblia y a la tradición griega, con sus historias de desciframiento de enigmas, sueños y oráculos. Wilkie Colling lo volvió a retomar a últimos del siglo XIX en la espléndida novela La piedra lunar. (Leer el ensayo de Rodolfo Walsh "Dos mil quinientos años de literatura policial"). Pero de hecho, la esencia inicial del género se produce en 1841 con Los crímenes de la rue Morgue, de Edgar Allan Poe, inventor de la novela de detectives, entre otros géneros. Quisiera hacer un paréntesis para profundizar como es debido sobre éste relato esencial de cuya importancia supera todo lo dicho.
El relato sucede en una librería de la rue Montmartre, donde el narrador conoce por azar a Auguste Dupin, el primer detective de la historia. Ambos están allí "en busca de un mismo libro" No sabemos cuál és, pero si el papel que desempeña: "sirvió para aproximarnos", se dice. El género policial nace de ese encuentro.

Dupin es un hombre de letras, un bibliófilo. Todavía estamos lejos del detective Pepe Carvalho, creado por Manuel Vázquez Montalbán, de cuya manía era la de quemar libros. Según Carvalho empezó a hacerlo desde el mismo día en que se dio cuenta de que la cultura le había separado de la vida y que no podía transformar la sociedad.
Dupin es soltero, solitario, extravagante, ya anticipa a Sherlock Holmes y Watson.
Dupin es un nuevo lector, ya nada que ver con los grandes personajes de la literatura, como Hamlet y Don Quijote, lectores que enloquecen. Dupin es un refinado de las librerías de París. Lee periódicos de un modo microscópico, en parte, descubre al asesino mediante la lectura, como también lo hizo el propio autor en El misterio de Marie Rogêt, basado en hechos reales y llegando a la solución del misterio. Pero sigamos en la rue Morgue. Los crímenes suceden en un cuarto cerrado con la llave por dentro. Es otra clave fundadora del género. El ser humano se encuentra en un tiempo en donde no está ya seguro en el lugar más privado. Ya no basta con estar amenazado en la ciudad, en el barrio, en la casa, sino que está amenazado en su cuarto propio, en su intimidad. Hasta allí llega el asesino. En 1907 Gaston Leroux en El misterio del cuarto amarillo le daría un giro inesperado al mismo tema. El gran talento de Poe radica en la creación de la figura del detective como efecto de la tensión con la multitud y la ciudad. La ciudad es un lugar donde la identidad se pierde. Lo multitudinario y la soledad (leer El hombre de la multitud).

Dupin revela el crimen, y lo fantástico es que lo descifra leyendo los diarios. La lectura es la capacidad que usa para descifrar los acontecimientos. Sherlock Holmes, empleará más tarde la ciencia de la deducción, es decir, la capacidad de la mirada, de ver lo que no ven los demás. Ambos detectives plantea la tensión entre el hombre de letras y el hombre que deduce únicamente con la mirada. Pero todo esto cambiará con la transformación norteamericana del género. El hombre de acción borra ya por completo la figura del detective lector. La modificación que sufre el relato policial a partir de su introducción en Estados Unidos. Raymond Chandler al final del género hará de Philip Marlowe un heredero, desplazado, de Auguste Dupin y Sherlock Holmes.

Queda atrás Dupin en sus librerías parisinas, sus pasos relajados con su amigo por las calles nocturnas, y Sherlock Holmes, disertando apaciblemente con Watson, o, tocando su violín en el apacible 221b Baker Street. Ninguno de ellos parece sufrir su soledad, sino todo lo contrario. Holmes es drogadicto, pero lejos del sentido de la drogadicción de nuestro tiempo. El siglo se va, se borra con la niebla del tiempo y aparece el siglo XX. El hombre del subterráneo se implanta en la literatura del género policíaco como animal de madriguera, afrentado por la sociedad industrial para quien el mundo se vuelve cada vez más estrecho. El hombre frente a los tristes principios del mundo moderno.

En
El largo adiós, de Raymond Chandler, posiblemente su novela más lograda, seguimos la pista, como un detective, la gran transformación del género, que es también la del mundo. Philip Marlowe, a parte de la atracción que siente por el riesgo y las situaciones límite, es también un inadaptado. Ejerce de detective como si ejerciera cualquier trabajo rutinario, y cuando los casos se cierran, la vuelta a la normalidad, a la monotonía de la oficina gris, a la soledad del estrecho apartamento, no le resulta fácil. Sus casos están despojados de los misterios de la rue Morgue o de El perro de Baskerville. Marlowe no lee. Los periódicos ya mienten y se siente solo la mayoría de las noches. Bebe. Se mueve resacoso como un fantasma por los no menos fantasmales clubs nocturnos, por lujosos locales de diversión para uso exclusivo de los ricos, por impresionantes mansiones rodeadas de césped donde viven sus clientes que acuden a él para que recupere una joya, una mujer o un marido. Todos son fugaces encuentros y largos adioses.

El gran descubrimiento, por excelencia, de la novela negra, es la ciudad. "Es muy difícil hablar de las ciudades. En realidad, las ciudades son más imágenes que lenguaje, son perfectamente definibles mediante las imágenes y totalmente inadecuadas al lenguaje". Win Wenders. La novela negra americana es la literatura de las descripciones urbanas. Ningún escritor ha descrito la ciudad de San Francisco como lo hizo Hammett, o Chandler con Santa Mónica. ¿Quién mejor que Chester Himes para describir Harlem?

Jim Thompson vino a descubrirnos que un detective puede llevar un psicópata en su interior. No he olvidado todavía el impacto causado por la lectura de 1280 almas y El asesino dentro de mí. El autor inaugura lo que será la nueva vertiente del género, y también del mundo. Patricia Highsmith crea al inquietante Mr Ripley y Thomas Harris, con Aníbal Lecter, el psicópata inteligente ya convertido en héroe.
Pero creo que todo esto requiere una segunda parte.

miércoles, 29 de agosto de 2007

MORTAL Y ROSA


"...el tiempo nos va desnudando. Todo es un ir retornando a la niñez, a la sencillez, porque la muerte no cree en nuestras condecoraciones de vida y dolor. La muerte nos toma niños, puros, solos, y pienso que es en estos momentos cuando puedo morir".
Mortal y rosa


Se nos ha ido Francisco Umbral, y, con él, la más brillante y mejor prosa en castellano de la segunda mitad del siglo XX. Su extraordinaria faceta como articulista le vino por vía directa de su maestro César González Ruano, hoy olvidado, quizá como tantos otros en el crudo y frío invierno del panorama literario español. Con su lengua afilada y certera arremetió contra los intocables: Galdós, Baroja, Azorín y Unamuno, entre otros. Pero nadie estaba al caso, o, al menos casi nadie, que él era pura modernidad sin abandonar del todo lo barroco; inventor de palabras, de conceptos, de sintaxis, de metáforas y adjetivos certeros, de estilo personalísimo, controvertido e incisivo. También fue el más imitado. No sentó cátedra pero sí creó toda una escuela, haciendo de la columna todo un género literario. Dijo; "Soy una cosa risible y vacua que es un autodidacta." En sus libros de ensayo dedicados exclusivamente a sus autores preferidos, deja constancia de su incipiente modernidad; Larra, Gómez de la Serna, Valle-Inclán, García Lorca, todos ellos también relegados a ese territorio tan común y español llamado olvido.

Francisco Umbral pasó su infancia en una provincia de tedio y plateresco, y se fue a Madrid para crearlo, porque la ciudad es tan sólo un pretexto para escribir. Madrid sería inconcebible sin la mirada de su creador, al igual que el Dublín de Joyce, o la Barcelona de Marsé.

He admirado, y, admiro toda la obra del gran cronista, siempre esencial, urgente, vital. "La literatura no acaba de ser una profesión en España." "La barbarie literaria española es ingente y aburrida."

Quizá por eso dejó escrito en una de sus últimas obras: "Ya prefiere uno ser lacónico y un poco cínico a ser pedante."

Gracias maestro. Descansa en paz.


domingo, 26 de agosto de 2007

LOS TESTAMENTOS TRAICIONADOS

Cuando estuve en el Centro Cultural Fundación Círculo de Lectores de Barcelona por motivos de la exposición sobre una selección de libros extraídos de la biblioteca personal de Julio Cortazar, no pude dejar de sorprenderme ante las declaraciones de Aurora Bernández, la primera mujer del autor, respecto a la utilización de la voz de Cortázar en un eslogan publicitario. "A Julio le gustaba mucho los coches. Tuvo uno detrás de otro (...) La propuesta era muy imaginativa (...) No dudo ni un segundo en decir que él hubiera estado de acuerdo."

Recuerdo la primera vez que escuché la característica cadenciosa voz nasal de Cortázar. La reconocí de inmediato por las muchas veces que he visto en D
VD la entrañable entrevista que le hizo Joaquín Soler Serrano, en el no menos entrañable programa A fondo. Sí, era su voz y recitaba un fragmento, manipulado por los publicistas, de Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj, de su famoso libro Historia de cronopios y de famas. Una vez más me dije que se volvía a repetir ese acto de villanía que es el de utilizar a los muertos con propósitos publicitarios. Es más, me pareció vergonzoso y fuera de toda ética moral. ¿Este es el respeto que le debemos a nuestros autores? ¿Su legado debe quedar reducido al mero fetichismo consumista? Por otra parte, nos bombardean con otros anuncios en contra de la piratería y a favor de los derechos de autor. La SGAE se ha creado solamente para defender los intereses económicos. Si el cliente es lo suficientemente poderoso, compra los derechos y hace de la obra y la memoria del autor lo que le venga en gana. La publicidad fue la pandemia del siglo XX, y, se ha vuelto revisionista mirando el XXI. Gandhi ha vendido ordenadores Apple. Un hombre que rechazaba todo tipo de tecnología, y ahí ha estado convertido en comercial informático. Andrey Herburh mocasines Tod's. Steeve McQueen conduciendo un Ford. Picasso es el nombre de un coche. ¿Es que nadie se pregunta qué pensarían toda esa gente, al verse convertida en póstulos representantes del comercio?

Al final de la presentación, el comisario de la exposición, aprovechó para desmitificar el elitismo de otro escritor. "¿Saben quién escribió el primer eslogan de la Coca-Cola en Portugal? Fue ni más ni menos que Fernando Pessoa."
Pero señor mío, Pessoa estaba vivo cuando lo escribió. También Mallarmé escribió poemas y trabajaba en una revista de moda. Pero éste no es el caso. Todo lo confunden a favor de sus intereses. No se puede cuestionar el hecho de que si un artista deba o no realizar trabajos publicitarios, sino del respeto que merece la o
bra, la memoria y la imagen de los artistas desaparecidos.

La señora Bernández no se ha dado cuenta todavía que Julio Cortázar cuando decidió recitar y grabar a algunos de sus textos, no fue con el fin de anunciar un est
úpido anuncio de televisión.
En el seno de este turbio tinglado de la industria cultural al uso, recomiendo la lectura
Los testamentos traicionados, de Milan Kundera, porque al igual que el autor, no puedo reprimir una indignación ante tanto desparpajo y mala educación. Un respeto, por favor.


martes, 21 de agosto de 2007

EL REGRESO

"¿Cuál de nosotros puede, volviéndose en el camino en el que no hay regreso, decir lo que ha seguido como debía haberlo seguido?"
Fernando Pessoa, El libro del desasosiego


De vez en cuando hojeo en mi cuaderno de sueños. Abro sus páginas al azar y me dejo llevar por sus historias de fantasmas. Sino fuera porque las tengo escritas, ya pertenecerían a ese lugar que nadie sabe todavía en donde está; ese cementerio en donde los sueños van a naufragar.
Aquí, en este cuaderno grueso y gastado voy escribiendo a medida que voy despertando, por cierto, cada vez con más perplejidad, y no por lo soñado, sino por lo vivido. Pero éste no es el tema que hoy me lleva al espacio intergaláctico llamado blog, sino la curiosidad que me ha suscitado algunos sueños reiterativos con el denominador común del Regreso.
En uno de los sueños voy caminando muy decidido y de repente me detengo angus
tiado. Me enojo conmigo mismo y decido volver a casa, pero cual es mi sorpresa al comprobar que no sé a dónde ir. No recuerdo nada. Hay un gran vacío detrás de mí. No puedo regresar.
Otro s
ueño: Voy con mi padre en un coche y de repente se enfurece y me dice que es mejor regresar en tren. Llegamos a una estación doble, como si la fachada se mirara a un gran espejo. Abandonamos el coche y nos quedamos allí, en medio del sol y de las estaciones repetidas y solitarias, como si de un cuadro de Chirico se tratara, con las vías invertidas de una manera imposible. No podíamos regresar. Ambos allí, desolados. Le digo a mi padre que no recuerdo cuál es el lugar de regreso. Bueno, y los demás sueños por el mismo estilo. Creo estar tocando uno de los temas esenciales de nuestro tiempo, y para buscar ayuda sobre éste tema existencial recurro a mi memoria literaria.


La literatura europea comienza con Homero, un desconocido. Su gran epopeya relata los viajes de Ulises y su regreso al hogar; "... el sendero redescubierto en el que quedaron las huellas de los pasos perdidos de la infancia; el errante Ulises que vuelve a su isla tras vagar durante años; el regreso, el regreso, la gran magia del regreso." Milan Kundera, La Ignorancia.
Por aquel entonces las cosas no cambiaban tan deprisa. Cuando Ulises regresa a su Itaca, allí, arrojado a orillas del mar, puede reconocer de inmediato su lugar. Nada había cambiado.


Dos mil años después, en los tiempos de Montaigne, algo parece haberse resentido cuando dejó escrito: "Nunca estamos en casa." Aquí ya no se percibe la alegría del regreso, sino que ni tan siquiera estamos ya en casa. Trescientos años después, Kafka, el primero en descubrir el mundo sin memoria escribió: "A partir de cierto punto no hay regreso. Ese es el punto que hay que alcanzar." Después de Kafka, como su proceso, ya no tiene fin. El novelista norteamericano Thomas Wolfe escribió que nunca se puede volver a casa, queriendo decir con ello que todo cambia, el pasado y los recuerdos que de él se tiene. You can't go home again es el título más verdadero de toda la literatura americana, sales de tu casa y ya nunca puedes regresar, por más que quieras. Samuel Beckett: "No hay partida de vuelta entre el hombre y su destino."


En la gran novela de Dino Buzzati, el héroe Giovanni Drogo, desde la cuesta camino de la Fortaleza, vuelve la cabeza para mirar su casa, allá a lo lejos: "Vio de lejos su casa. Identificó las ventanas, de su cuarto. Probablemente, las hojas estaban abiertas, las mujeres estaban ordenando. Habían deshecho la cama, encerrado en un armario los objetos, y después atrancado las ventanas. Durante meses y meses, nadie entraría allí, salvo el paciente polvo y, en los días de sol, tenues franjas de luz. El pequeño mundo de su niñez quedaba encerrado en la oscuridad. Su madre lo conservaba así para él, al regresar, volviera a encontrarse de nuevo, para que pudiera allí dentro seguir siendo un muchacho, incluso tras larga ausencia." Drogo, siempre a la espera del enemigo, va enfermando y envejeciendo, consciente de haber tirado ya los años buenos y dispuesto a esperar hasta el último minuto. Y es entonces cuando viene el enemigo. En aquel momento, Drogo, ya al borde de la muerte, hubiera preferido no vislumbrarlo. Expulsado de la Fortaleza como miembro inútil del ejército, vuelve a la ciudad, al mundo desconocido, donde, finalmente, nada ha quedado guardado para él. "Nada más difícil, que morir en tierra extraña y desconocida..." Ulises no lo hubiera soportado.


El mundo no deja de transformarse a una velocidad tan irracional que ni la mente ni el corazón puede asimilar, y, acabamos atravesando el presente con los ojos vendados. Y, como dice Milan Kundera, que sólo puedes intuir y adivinar lo que de verdad estás viviendo. Y después, cuando te quitan la venda de los ojos, puedes mirar al pasado y comprobar qué es lo que has vivido y cuál era su sentido. La vida quizá ya sea eso, sobre todo olvidar: sustituir, mirar hacia otro lado, distraernos en estricto sentido, avanzar, mudarse de sitio, mudar de amor, buscar el momento, no el paisaje. Si buscamos lo que fuimos, no acude a la cita. Todo en nosotros es irrecuperable. Dejamos la casa de los padres y luego, a veces, la casa del primer matrimonio, y siempre experimentamos la misma pena, la de sentirnos, de una vez por todas, huérfanos. Ya sólo se pierde lo que realmente no se ha tenido. El gran director de cine americano Nicholas Ray dijo al final de su vida: "El drama contemporáneo yo lo resumiría así: No podemos volver a casa."
A lo lejos, Enrique Vila-Matas nos pregunta en tono imperante: "Mira, ¿sabes lo que te digo? Que a la larga, la verdad no importa. Lo que importa es saber volver a casa. ¿Sabes cómo volver a tu casa?"

No puedo dejar de conmoverme cada vez que recuerdo el sueño; allí, mi padre y yo, en medio de ninguna parte y sin posibilidad de volver. ¿A dónde? No lo sé.


sábado, 18 de agosto de 2007

PAISAJES DE CIENCIA- FICCION


"El sentido común de hoy tiene el hábito de convertirse en la estupidez completa de mañana"
Clifford D. Simak, Estación de tránsito


Desde hace algún tiempo vengo observando que existe un cierto desprecio, tanto por parte de los escritores como de los lectores de élite, hacia ese género olvidado y casi desaparecido de la ciencia- ficción. He podido ver también en esos programas de televisión dedicados a los libros el mismo desprecio.
Veo que se ha impuesto como costumbre el rechazo pedantesco hacia un género que desconocen, o, lo consideran menor. Ignoran que constituye de hecho la tradición más fuerte del siglo XX, e incluso tal vez su literatura más auténtica.

El otro día en uno de esos programas la periodista que dirigía el cotarro literario dejó ir, sin más y en tono despectivo, que no perdía el tiempo en semejante género, al mismo tiempo que promocionaba una novelucha de tres al cuarto, y de cuyo autor, allí presente, ávido en darse a conocer mundialmente con su primer librito. ¡Por el amor de Dios! esos no son escritores, tienen un apetito de éxito inmediato, y esa actitud les impide crecer literariamente. Ahora la mayoría de los libros están destinados a captar a las personas que normalmente no leen. Comprendo esta sospechosa intención de creciente mercantilización de la literatura que tiende cada vez más a ser complaciente, y eso no me resulta nada interesante. Leer no es una distracción, sino un estado de constante alerta. Ya lo dijo Kafka: "malo es todo lo que distrae."



Pero a lo que iba; ¿por qué éste desprecio a la ciencia- ficción? Me parece una barbaridad que todo escritor y lector que se precie, no debería de apartar, con un solo gesto de desdén a: H. G. Wells, J. H. Rosny, Adouls Huxley, George Orwell, Ray Bradbury, George R. Stewart, Ursula K. Leguin, Angela Carter, Suzy McKee Charnas, Philip K. Dick, Isaac Asimov, Robert Heinlein, Fritz Leiber, Stanislaw Lem, Fredric Brown, Robert Sheckley, Thomas M. Dich, John Wyndham, Karel Capek, Arthur C. Clarke, Theodore Sturgeon, Clifford D. Simak, Richard Matherson, Olaf Stapledon, Frederik Pohl, Alfred Bester, William Gibson, y tantos otros que contribuyeron a las grandes especulaciones de la ciencia y a ciertos horrores cometidos en nombre de ella.

J. G. Ballard, que a mi juicio, es uno de los más importantes escritores vivos, dice en su monumental obra Guía del usuario para el nuevo milenio:

"Creo firmemente que la ciencia- ficción es la verdadera literatura del siglo XX, y probablemente la última forma literaria existente antes de la muerte de la palabra escrita y el dominio de la imagen visual. La ciencia-ficción ha sido una de las pocas formas de la ficción moderna en ocuparse explícitamente del cambio -social, tecnológico y ambiental-, y ciertamente la única ficción en inventar mitos, sueños y utopías de la sociedad."

La ciencia- ficción ha previsto todo el futuro que la raza humana puede tener en reserva. Hecho de menos los grandes sueños, las fantasías emocionantes y trascendentales que han recorrido a lo largo de éste género, desde Frankenstein de Mary Shelley hasta Neuromante de William Gibson. Puede ser que ya hayamos soñado el sueño del futuro y que nos hayamos despertado de un sobresalto en un mundo de autopistas, centros comerciales, parques temáticos, Internet; que están a nuestro alrededor como la primera entrega de un futuro que ha olvidado materializarse.

En la introducción de Fernando Ángel Moreno de la novela Leyes de mercado de Richard Morgan dice:

"Solo J. G. Ballard parecía saber que algo no funcionaba, que las estructuras sociales eran disfraces para esconderse de los impulsos primarios del ser humano. ¿Quién ha continuado en la actualidad las críticas destructivas de Crash, de Ballard; de Campo de concentración de Thomas M. Disch; de Snow Crash, de Stephenson? Toda una tradición de ciencia- ficción nihilista, sangrante, ha perdido los bisturís con que diseccionaba Occidente.
¿Qué ha sido de los tiempos de Rollerball y Danzad, danzad, malditos? ¿Qué es lo que ha cambiado? El terror del futuro por los autores del pasado han seguido otra senda insospechada."

Me es difícil entender que un género tan menospreciado tenga, por otra parte, un público masivo, y, a buena hora, de películas basadas en relatos y novelas de la época dorada de la ciencia- ficción. Filmes tan emblemáticos como La Cosa, de un cuento de 1951 escrito por John W. Campbell. 2001. Una odisea del espacio sobre un relato de Arthur C. Clarke de 1951. Alien, el octavo pasajero, sí, ésta película de Ridley Scott está inspirada en un relato de 1939 titulado Destructor negro de E. van Vogt. Blade Runner, de Philik K. Dick, uno de los mejores escritores de ciencia- ficción de todos los tiempos y llevado a la pantalla por directores como Steven Spielberg, Paul Verhoeven, Richard Linklater entre otros. Soy leyenda (todavía sin estrenar) basado en una novela de Richard Matheson del año 1954.

Sólo me queda por decir que éste post es tan sólo la punta del iceberg de todo un gran y fascinante género por descubrir.


lunes, 13 de agosto de 2007

LA DISTANCIA


Las distancias nunca son geográficas. Los viajes más largos son la distancia entre las personas. ¿Cuántas veces nos hemos sentido como náufragos en una isla de un millón de habitantes? Solos en un mundo lleno de gente. Ni tan siquiera nuestros recuerdos pueblan nuestra soledad, sino todo lo contrario, la hacen más profunda. A pesar de todo no desdeño la soledad, al fin y al cabo es un refugio más de la gran indiferencia del mundo.

Escribimos porque nadie nos escucha. Leemos porque nadie nos habla con la suficiente inteligencia. Las conversaciones se han vuelto vacuas e insulsas, y la literatura le da a la vida una lógica que no tiene; las palabras que le faltan.

Quizás mañana, que ya es hoy, nos encontraremos ante una sociedad exteriormente bien organizada, y públicamente perfecta y sin mácula, en la que, sin embargo, las relaciones privadas, las relaciones entre humano y humano, o aquellos entre las personas quedarán limitadas a meras relaciones de vacío, de indiferencia, de aislamiento y de impenetrabilidad. Consecuencia: juntamos palabras, palabras y palabras, en pronombre personal, un adverbio, un verbo, un adjetivo, y, por más que lo intentemos, por más que nos esforcemos, siempre acabaremos encontrándonos en el lado de fuera de los sentimientos que ingenuamente queríamos decir. El lenguaje estándar es cada vez más pobre, y, sofocados por las palabras sin sentido, decidimos que lo mejor es el silencio. Se desvalorizan las palabras, lo que antes era patético, ahora es ridículo. El mundo ya está hecho de una manera que lo que antes era verdad, ahora ya no lo es.

Pero nuestro ritmo interior tiene sus exigencias. Dijo Rilke: "Quizá todo lo terrible no sea, en lo más hondo de su fundamento, más que lo desvalido que nos pide ayuda."
Las cosas que callamos son las que más duelen. Estamos en el nuevo siglo de la era de la comunicación, y, la infinidad de veces que debemos sujetar nuestro pensamiento a las circunstancias del momento, o eso que termina por decirse y que está siempre por debajo de la voz interior. La costumbre a no demostrar los sentimientos, a acallar la propia vida.

Este pesimismo que arrastro me lleva a releer cualquier clásico al azar. Los clásicos sirven para entender quienes somos y a dónde hemos llegado. Cojo Madame Bovary de Flaubert. Hace mucho tiempo que lo leí, y, como el río de Heráclito, ni el libro ni yo somos ya los mismos, porque otras aguas turbias vienen hacia a mí.

Cuando finalizo su lectura retengo detalles que no recordaba o que no vi en el pasado, como por ejemplo, la distancia entre los personajes. Emma intenta desesperadamente y bajo su confusión recibir consejos del cura, pero antes de abrir la boca, el cura le dice que se tome un té o un vaso de agua fría. León, enamorado y amante de Emma se lamenta, a su amigo el recaudador, de la vida y el tedio, y, éste, distante, le dice: "Yo, de usted, tendría un torno... "Emma agonizando en su lecho; no quiere medicarse. Su marido manda a llamar a la madre de Emma, y, entre ambos, hablan del problema. Su madre dice: "¿Sabes lo que le iría bien a tu mujer? Que le absorbiera ocupaciones, obligaciones, que se gane el pan... "

Según Flaubert, no hemos llegado todavía a ninguna parte. Envío mensajes a mis amigos para poder hablar sobre todo esto. Nadie me responde.